martes, 30 de junio de 2026

5 chistes cortos

 1. El hombre que se quejaba de su memoria

Un señor va al médico muy preocupado:

— Doctor, tengo un problema gravísimo de memoria. Me olvido de todo. ¿Qué puedo hacer?

El médico le dice:

— Bueno, cuénteme desde cuándo tiene este problema.

El hombre responde:

— ¿Qué problema?

— El de la memoria.

— ¿Acaso tengo problemas de memoria? —dice el hombre extrañado.

— Sí, me acaba de decir que se le olvida todo —responde el médico.

— No me acuerdo de haber dicho eso —contesta el paciente.

— Entonces, ¿para qué vino a la consulta? —pregunta el doctor.

— No lo sé, se me olvidó.

Al final, el médico le receta una medicación. A la semana, el hombre vuelve.

— Doctor, esos comprimidos que me recetó…

— ¿Sí? ¿Le hicieron efecto?

— No lo sé, doctor. Es que perdí el papel donde las anoté y no sé para qué eran.


2. El electricista novato

Un electricista va a arreglar un problema en una casa. La señora le dice:

— Mire, el interruptor del pasillo no funciona, pero el del salón sí.

El electricista empieza a revisar, corta la luz, manipula cables, y después de una hora le dice a la señora:

— Ya está, señora, puede probar.

La señora enciende el interruptor del pasillo y se prende la luz del salón. Enciende el del salón y se apaga la tele. La señora, extrañada, le dice:

— Oiga, ¿y esto?

El electricista, muy serio, le responde:

— No se preocupe, señora, es la nueva tecnología “circuito sorpresa”. Ahora cada vez que encienda una luz, otra cosa hará algo diferente. Es más divertido.

La señora lo mira y dice:

— ¿Y cuánto le debo?

— Nada, señora. El espectáculo ha sido por mi cuenta.


3. Jaimito en el colegio (el clásico pero bien contado)

La maestra le pregunta a Jaimito:

— Jaimito, si en una mano tengo 8 naranjas y en la otra 6, ¿qué tengo?

Jaimito responde sin dudar:

— Unas manos enormes, señorita.

La maestra se enfada y le dice:

— No, Jaimito. Tienes 14 naranjas en total. Ahora dime, si cojo esas 14 naranjas y las reparto entre 7 niños, ¿cuántas naranjas le tocan a cada uno?

— ¡Un lío padre, señorita! Porque primero habría que comprar las naranjas y luego buscarlos a los niños, y para cuando los encuentre, las naranjas ya se habrán podrido.

La maestra, desesperada, le dice:

— Jaimito, vete al rincón de pensar.

Jaimito se va, y al rato la maestra lo oye murmurando:

— "Si tuviera 14 naranjas y 7 niños… mejor me como yo las 14 y les digo que no había nada".


4. El turista en Escocia

Un turista llega a un pequeño pueblo de Escocia y entra en un pub. Ve a un viejo sentado en la barra con una oveja a sus pies. El turista le pregunta:

— Disculpe, ¿por qué tiene una oveja aquí?

El viejo escocés le responde con su acento:

— Porque es mi perro guía.

— ¿Perro guía? ¡Pero si es una oveja!

— Ya, lo sé. Pero la empresa de perros guía me envió a este pastor alemán. y total, para no discutir, le puse el bozal al pastor y ahora la oveja me guía a mí. Lo que pasa es que la oveja no ve muy bien, así que a veces nos perdemos.

— ¿Y por qué no se compra un perro de verdad?

— Es que en Escocia los perros son muy caros. En cambio, las ovejas… las ovejas las regalan si les prometes no contarlo.

El turista, confundido, pide una cerveza. Al pagar, le dice al viejo:

— Oiga, y ¿la oveja toma algo?

— No, ella conduce.


5. El médico y el paciente hipocondríaco

Un paciente entra en la consulta del médico y le dice:

— Doctor, doctor, creo que tengo el síndrome de Alicia en el País de las Maravillas.

— ¿Por qué lo cree? —pregunta el doctor.

— Porque unas veces me veo muy grande, otras muy pequeño, y además todo me parece más raro de lo que es.

— Mire —dice el doctor—, eso no es ningún síndrome. Eso le pasa por mirarse en la cuchara cóncava del café. Pero cuénteme más. ¿Tiene algún otro síntoma?

— Sí, doctor. Creo que también tengo el síndrome de la pierna inquieta. Me pasa que por las noches no puedo dejar de mover la pierna.

— ¿La derecha o la izquierda?

— Las dos.

— Eso no es el síndrome de la pierna inquieta, amigo. Eso es que se olvida de mear antes de acostarse.

— Ah, tiene razón… ¿Y cree que pueda tener también el síndrome de Estocolmo?

— ¿Por qué? ¿Acaso ha sido secuestrado?

— No, pero es que me cae muy bien mi secuestrador imaginario.

El médico suspira y le receta un placebo. A la semana, el paciente vuelve:

— Doctor, el placebo no me hizo nada. Pero tengo otro problema: creo que he desarrollado el síndrome del impostor.

— ¿Por qué?

— Porque me hago pasar por paciente para que me den cita, y en realidad soy el psiquiatra de al lado.



viernes, 1 de mayo de 2026

Los Cinco Minutos del Espíritu Santo

Espíritu Santo es el silencioso artista del mundo.

Los que queremos vivir en su presencia no podemos ignorar su obra. Tenemos que contemplar lo que el Espíritu Santo siembra en nuestra familia, en nuestro barrio, en el mundo, en todas partes, aun en aquellos que no tienen fe. ¿Qué aportamos con nuestro pesimismo? Mejor aportemos ideas y acciones positivas, sabiendo que nada es inútil. Pero si permanentemente estamos mirando y destacando lo negativo, llega un momento en que se nos cierran los ojos y somos incapaces de valorar las cosas buenas que hace Dios.


El Espíritu Santo nos invita también a descubrir los signos de esperanza que hay a nuestro alrededor. No todo está podrido, porque el Espíritu Santo actúa siempre y en todas partes. Aun a pesar del rechazo de los hombres, él siempre se las ingenia para provocar algo bueno donde todo parece perdido.


Una persona llena del Espíritu ayuda a los demás a descubrir y alentar los signos de esperanza. De hecho, eso es lo que hizo Juan Pablo II en su carta sobre el tercer Milenio:


Es necesario que se estimen y profundicen los signos de esperanza. a pesar de las sombras que frecuentemente los esconden a nuestros ojos  (TMA 46).


Ojalá cada uno de nosotros pueda reconocer lo que ha sembrado el Espíritu Santo en sus amigos, en sus vecinos, en su lugar de trabajo, en su comunidad; y sea capaz de fomentar esos signos de esperanza con palabras de aliento y de estímulo.


Podemos hacer mucho bien si somos capaces de descubrir y de estimular las cosas buenas que hay a nuestro alrededor. 


Nadie nos ha pedido que gastemos la vida mirando las sombras, sino que nos desvivamos por alimentar la luz.

Ven Espíritu Santo Ven

domingo, 26 de abril de 2026

Que le pediría a Dios

🌿. Les comparto esto que me encantó:

....Si Dios me preguntara qué quiero para este día… tal vez me quedaría callad@ un momento. 
Porque pedir, puedo pedir mucho. 

   Una lista larga :
salud, calma, trabajo, que mis hijos, mi espos@, mis nietos, yernos, nueras y mis amigos estén bien. 
Que me duela menos el cuerpo, que no falte el pan, que el corazón aguante.

   Pero luego pensaría que muchas de esas cosas El ya me las da sin que yo las nombre. 
El aire. La mañana. Un sorbo de café caliente. El simple privilegio de despertar. Entonces creo que no pediría nada material.

   Creo que le pediría perdón. Perdón por no saber disfrutar lo que ya tengo. Perdón por vivir corriendo, como si la vida fuera una deuda y no un regalo. Perdón por olvidar a veces el motivo por el que fui cread@ : 
amar, cuidar, dar, agradecer.

   Le pediría perdón por fallar como ser humano. Por volverme dur@ cuando debía ser suave. Por guardar rencores. Por exigirle a la vida más de lo que abrazo, lo que llega. 
Por convertir el cansancio en amargura. 
Por permitir que el miedo me quite ternura.

   Le pediría perdón porque como humanidad nos desviamos del camino. Porque cambiamos la compasión por competencia, la humildad por apariencia, el amor por orgullo.

   Y tal vez, con voz bajita, también le diría: "Perdón porque se me olvida vivir bonito." 
Porque se me olvida mirar el cielo. Porque me cuesta agradecer lo pequeño. Porque a veces espero grandes milagros cuando ya estoy parado dentro de uno.

   Y después de pedir perdón… sólo le agradecería: 
Por este día. 
Por esta oportunidad. 
Por seguir creyendo en mí aunque yo a veces no lo haga.

   Porque mientras respire, todavía puedo aprender.
Aprender a vivir más lento. 
A amar más suave. 
A agradecer más seguido.

   Y eso… eso ya es suficiente para hoy.
                                  🌿